Dolor XI

Ven, ven aquí. Discúlpame. Yo también. Sí, toca mis heridas. Aquí, de rosa carne queloide, intactas, quedan todas las cicatrices. No, no me avergüenzo, llevo a gala los recuerdos que nos hicieron llegar donde estamos…aunque no quiera detenerme demasiado en ellos, la vida es lucha constante, pasajera, siempre adelante, siempre…

Perdóname que no sepa hoy acunarte, torpemente, mi cansancio tropieza con el tuyo, dolores hermanos, las palabras no bastan…pero te entiendo, créeme que te entiendo, mejor de lo que imaginas, mejor que nadie, mejor que tú…

Y sé que volverás a volar, bien alto, bien lejos…y yo te contemplaré surcando el cielo, como antes, como siempre…

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Dolor X

Quise entender que decías sin decir, que dijiste o no, quise entender que la enfermedad galopaba, la extensión sea la que fuera, evidente; el tratamiento, presente, sin más detalles, sólo un par de coordenadas a buen entendedor bastan…

Y no dije, quise decir, pero entendiste, que aquí estoy. Un aquí impreciso pero certero. Y el circunloquio de la conversación se detuvo entonces, quizás por vez primera, en los detalles, porque es así la vida, porque así es la enfermedad; yo me interesé por los síntomas, deformación profesional, asegurar ausencia de los mismos, confortabilidad, alivio, los pasos previos a la muerte digna, por dolorosa que sea la ausencia anticipada. Y tú te centraste en la proximidad, en lo concreto…pero entonces, ahora, ¿dónde estás?

A pesar de la ironía de siempre, de la tergiversación del baile de palabras, del arte de la conversación, destiló añoranza esa mínima colección de minutos telefónicos, con el cronómetro de fondo como banda sonora y el reloj de arena dejando escapar los granos lentos y amargos…en este extraño echa de menos…

 

DOLOR (VIII)

Ojalá, ojalá, ojalá no despiertes un día y eches de menos haberte echado de menos.

Ojalá, ojalá, ojalá abras los ojos y te aprecies serenamente, con bondad, con esa infinita que derrochas en ciertas direcciones y valores cada uno de tus puntos débiles, acunando los que te sostienen, aceptándote.

Ojalá te respetes así como respetas a cuantos te rodean, te perdones como haces con quienes más profundo te hieren, ojalá queden algodones para tu alma, ojalá algún resquicio de dulzura ajena.

Ojalá, ojalá, ojalá cuando regreses no tengamos que volver a recomponer el puzzle de tus despojos.

No permitas que el egoísmo ajeno pueda contigo, que toda ira tiene un límite.

Las ganas…

Te llamo y alguien responde al otro lado, alguien que no eres tú ni sé quien es, pero lleva tu voz prendida como una provocación. No quieres contarme, no quieres hablar, no es el momento…o lo que sea, cualquier excusa es buena para blindar el corazón o la realidad. ¿Acaso importa? Lo que hasta ahora tuve fue una versión de la misma, tampoco distaría mucho…

Simplemente quería desearte Feliz cumpleaños, musa contradictoria. La reina de las palabras y del silencio. La dualidad perfecta. Enviarte un puñado de buenos deseos en honor a la nostalgia, pero la cruda distancia erige un muro gélido de incomunicación…

La verdad es que, sinceramente, tampoco a mí me apetece contar. Sólo tengo una pregunta: ¿se nos acabó la amistad?

Conclusión: Tablas en el ajedrez para este juego de damas.